lunes, 6 de agosto de 2012

El era un hombre rudo,
que curtía su cuero,
al vapor de la bestia,
que enciende en sueños la vigilia.
Se metía en tantos problemas,
como la bestia en sí tenía.
Ya no hacía caso de las mentiras,
ilusiones o "maya" de la bestia.
Siempre encontraba el camino,
de regreso ala verdad.
Y buscaba entre las piedras,
las pepitas de oro,
como quien busca la veta de oro,
en el río de la vida.
Su debilidad eran "las minas",
en donde pretendía encontrar,
el verdadero camino.
La verdad, era una mina de oro.
El era demasiado joven,
para mantener una mina.
No obstante las quería todas.
Su objetivo era la era dorada.
Solamente una cosa lo enloquecía,
hacer ángeles de oro.
Pero el oro es el estiércol del infierno,
era propiedad del mismo demonio.
Y este le negaba la autoría,
de cada ángel que hacía.
Asi que con cada "mina" que tuvo,
también tuvo un angel.
Pero con él una laguna en su memoria.
Tantas lagunas tenía ya,
que no recordaba la verdad.
Su talento se cayó.
Y ya no hacía mas ángeles.
Y vivió varios lustros,
juntando pepitas de oro,
para hacerse la "gloria",
que fué una suerte de autorretrato.
Hijo de nadie,Padre de "nadie",
se perdió en el tiempo.
Y fué este el que le dedicó,
una humilde estrofa a su "gloria",
"sea su gloria ,su eterno descanso".